"...DÓNDE ENTRO SI ESTOY SOLA ..." * Lo DeMáS sOn PaLaBrAs tAn SoLo PaLaBrAs *

miércoles, enero 27, 2010

INESPERABLE

¿Cómo de miserable ha de ser la vida del que espera lo inesperable? Inesperable, que no inesperado. Lo inesperado es aquello que sucede sin que uno lo espere. Lo inesperable es aquello que uno no debe esperar… ¿Qué no debe? Bueno, lo inesperable es aquello que no puede ser esperado. Pero todo aquello que no debe ser, suele resultar de lo más atractivo.

Así que nos hemos quedado en la espera. Esperar, es tener esperanza. ¿Se puede tener la esperanza de que suceda algo que sabemos que no va a suceder? Si, se puede. ¿Y no hace esa esperanza entonces que exista alguna posibilidad? Pues si. Porque si no tuviéramos esperanza y no esperáramos, entonces es cuando nada sucedería… Por lo tanto, esperar lo inesperable, hace lo inesperable esperable.

Y la espera es… Duda. Miedo. Fracaso. Desilusión. Lucha. Deseo. Duda. Más duda. Más fracaso. Alguna alegría… que viene seguida de más desilusión. Son días, palabras, estrategias, desesperación y resignación. No hay nada que ayude más: la resignación. La resignación a la espera, que lo precede todo. A la derrota, que está casi asumida. Y resignación a que quizás, el día menos pensado, cuando ya hayas dejado de esperar, suceda lo… inesperado. Si, inesperado, puesto que ya no lo esperabas.

¡Y qué alegría debe ser esa! Lo debe llenar todo. Todo. La euforia, casi indecente, del que tiene todo aquello que ha deseado, todo aquello que había dado por perdido, por no merecido o por… imposible.



miércoles, enero 07, 2009

PERO NO

Ella se metió en la cama junto a él, se tumbó. Sabía que lo tenía al lado, pero no esperaba nada, en realidad, no debía esperarlo por muchas razones. El simple hecho de estar allí ya la llenaba de remordimientos… Era algo que sentía que no tenía el derecho de hacer, pero el deseo era más fuerte que su conciencia. Se consolaba pensando que él jamás haría nada. Que tenía todo muy claro, no se propasaría en algo que no estaba dentro del guión. Ella podía relajarse y dejarse llevar por sus fantasías al tenerlo cerca, porque él se encargaría de mantener los límites donde debían estar. La verdad es que era un alivio, porque ella misma no sabía hasta qué punto se podría controlar. Mentira… si, lo sabía, lo sabía muy bien, y era precisamente por eso por lo que estaba tan preocupada cada vez que el destino, las casualidades, las circunstancias o… un poco la cabezonería e insistencia camuflada por parte de ambos, los llevaba a estar como estaban ahora: juntos, a oscuras, sin nada más que decirse o que hacer que intentar dormir, intentando no rozarse, actuando con normalidad y respirando flojito y suave para no molestar.

Pero ese día las cosas iban a tomar un rumbo distinto. ¿Por qué? ¿Qué hizo que en ese preciso momento, el mayor de los miedos y a la vez el mayor de los deseos de ella, se viera en parte realizado? Como si de una profecía se tratara, esa imagen que tantas ves la había torturado en su cabeza, se estaba convirtiendo en realidad delante de sus narices. Él, de pronto y sin avisar, giró la cara, con una sonrisa entre burlona, feliz y suplicante, estaban demasiado juntos… ella era incapaz de separarse, pero tampoco se veía en condiciones de salvar de una vez la distancia milimétrica que separaba sus bocas. Su cabeza iba a mil por hora, no podía dejar de pensar que él quería que lo besara y ella se moría de ganas de hacerlo, pero… eran tantos los inconvenientes de dar ese pequeño paso. A lo mejor está jugando contigo, se decía, porque sabe lo que piensas y quiere provocarte… Era una opción sin duda… Pero él, quería jugar en serio, y no aparto la cara hasta que ella, movida por su deseo, se acercó despacio y empezó a darle un beso suave en los labios. Quería disfrutar de ese momento, pues el placer que sintiera, era lo único bueno que se iba a llevar para siempre de aquel desafortunado acontecimiento.

Pero la suavidad y el temor con que ella le había dado aquel primer beso, no entraba en los planes de él, y no tardó en convertir al desenfreno exagerado aquel momento. Parecía como si jamás hubiera besado a nadie, y en realidad podría ser cierto, puesto que jamás la había besado a ella. Y entre lenguas enlazadas de la forma menos ortodoxa posible, la sonrisa permanente de él, que ella no sabía si interpretar como nervios, felicidad o burla y el intercambio de saliva, aún con las manos quietas y el cuerpo rígido, como si no supiera que hacer en esa situación extraña, extrema y sorprendente, de pronto él se paró.
Ella temía ese parón desde mucho antes de empezar a besarle. No le había gustado la sensación, pero era algo con lo que había fantaseado tanto que se negaba a tirar su sueño por la borda, se negaba al hecho de no haberle parecido placentero. Y temía aún mucho más, que él hubiera sentido algo parecido, o peor… que ni siquiera hubiera sentido nada, ni decepción. No sabía por qué paraba, después de provocarla de esa manera, de jugar con ella, de saltarse todas las normas y de volcar en unos segundos tantas ansias. Se quedó tan sorprendida y asustada como cuando él giró su cara, sólo unos minutos antes.


Creía que no iba a poder aguantar ni más cambios ni más sorpresas, pero aún así preguntó: ¿Qué te pasa?

Y él respondió: Pues que no, que no puedo… no….

Ella se lo temía pero insistió: ¡Tú me has provocado!, como si de esta forma, culpándole, pudiera cambiar las cosas y que él pudiera responderle que era cierto y que todo saldría bien.

Pero no, él simplemente le dijo: Era para probar, tenía que probar, pero lo siento, no.

Si ella no lloró en ese momento, es porque también se había dado cuenta de que no funcionaría. Y eso le dolía aún más que el haberlo oído de boca de él. No podía culpar a nadie, los dos eran víctimas de la misma broma, pero de todas formas, en su interior sabía que ella iba a sufrir más.

Con el último aliento de pasión que le quedaba a él en el cuerpo, se incorporó de pronto y se sentó encima de ella para poder hablarle a la cara y sin rodeos. Ella creyó ver lágrimas en sus ojos, pero estaba muy oscuro y quizás eran más las ganas de ver algún sentimiento en él y nada más. Ella tenía la camiseta subida y él la beso en la barriga. Ya no había nada de erótico en aquel gesto, pero era de una confianza extrema que a ella le gustó. Aceptó de buen grado aquella limosna. Él la cogió de las manos y le dijo: Eres la Luna para mí, mí Luna. Tú me has enseñado a vivir y jamás te olvidaré.

Quizás no son las palabras que ella quería escuchar, pero si le hubieran dado lápiz y papel tampoco hubiera sabido que escribir, que palabras exactas la hubieran llenado y le hubieran quitado la pena… y por eso, y porque eran bonitas, y sobre todo porque se las dijo él, le gustaron.

jueves, agosto 28, 2008

¿Por qué lloras?

Lloro por mí… por ti… por todas las personas que sufren.

Lloro porque me duele el alma, porque tengo algo dentro que el llanto parece calmar.

Lloro porque no puedo más, porque mi cuerpo explota… Lloro de rabia e impotencia.

Lloro de pena.

Lloro de amargura.

Lloro también un poco, de alegría.

Lloro por todo lo que ha pasado, lo que pasa ahora y lloro por todo lo que está por venir.

Lloro por miedo, vergüenza, por compasión.

Lloro aunque sepa que no soluciono nada, lloro porque llorar ya es una solución.

Me veo en el espejo, y lloro porque me veo llorar.

Lloro en silencio y a oscuras, porque no me atrevo a gritar lo que siento.

Lloro para después poder ponerte buena cara y sonreír.

Lloro, simplemente.

Y tú, ¿porqué lloras?

















miércoles, julio 16, 2008

¿Se puede borrar a alguien de tu vida de un plumazo? Se puede.
¿Se puede desaparecer de la vida de alguien de un plumazo? No… No se puede. Puedes negar la palabra, pero no puedes taparte los oídos si hay alguien que aún tiene algo que decirte.
Puedes no dar respuestas, pero no puedes evitar que te lleguen las preguntas, que se queden en el aire, que duelan… No puedes evitar que el silencio sea ya una respuesta.
Puedes no ver a alguien, esquivarlo, cerrar los ojos, romper las fotos… Pero no puedes dinamitar del cerebro su imagen, no puedes romper los recuerdos vividos.
Puedes hacer daño, pero, amigo mío, el daño es un tatuaje que se graba a fuego en la piel del que lo sufre, y se recuerda mucho más que cualquier felicidad entregada.
Puedes hacer tantas cosas y la vez dejar de hacerlas, pero no puedes, no has podido, hacer que te borre, que te olvide, que no tenga preguntas, que no te vea, que no me duela y que cada día un rato, me sienta idiota al recordar.
¿Puedes borrarme de tu vida de un plumazo? Puedes.
¿Puedes desaparecer de mi vida de un plumazo? No… No puedes.
Puede que con el tiempo desaparezcan el amor, la necesidad, la confianza, la amistad, la esperanza… Pero el dolor, el daño, la herida, dejará una cicatriz con tu nombre, que no desaparecerá nunca.

martes, mayo 27, 2008

He intentado ser sumisa, y culparme de lo que ha pasado. Aceptar mis errores y ver que tenías razón en muchas cosas. Y aunque yo sé porqué las he hecho, entiendo que tu no lo entiendas. He intentado cambiar para agradarte, y comerme todos mis pensamientos contradictorios, todos aquellos que me decían que no estaba actuando como debía. Si tú estabas bien, si tú volvías, eso era lo único que necesitaba… He tenido siempre tanto miedo de que me pasara, lo que ha pasado, que no he sabido reaccionar. He canalizado todos mis esfuerzos en remendarlo para que nada cambiara. Me he sobrepuesto a todo y a todos y me he guiado por el deseo de imaginar que todo estaba bien de nuevo. Y no… ¿A quién he querido engañar? ¿A ti? A ti te da igual… eres tu quién te preocupaba, y yo ya me he encargado de cuidarte. ¿A los demás? A los demás les da igual… los demás son meros observadores pasivos de los males ajenos, así como yo lo puedo ser de los suyos. ¿A quién pues? A mí y sólo a mí. A mi me intentaba engañar haciendo ver que nada me había afectado. Diciéndome que el único afectado aquí eras tu y por mi culpa… Pero, mmmm… bendita capacidad de redimirse. Por suerte hoy, se ha encendido esa bombilla en mi cabeza que se había fundido y he visto lo que no podía ver. Toda esa rabia que he contenido desde el primer día ante tu culpabilidad y tu injusticia. Ante todo lo que me he cayado y ante todas las faltas que me he tragado sin deber. Rabia, rabia, rabia… que hasta que no salga no me va a dejar vivir tranquila, ni vivir contigo. Te buscaré inconsciente y te torturaré con mis actos y mis palabras, sin querer hacerlo, sólo porque es mi rabia la que te busca y la que necesita vengarse. No soy yo, es ella… te lo juro… Pero tú te lo has buscado. Sé sumiso, cúlpate, acepta tus errores, cambia para agradarme, cómete tus pensamientos contradictorios, necesita que yo esté bien y que yo vuelva… Y vuelva sin esa rabia contenida, que al final, nos va a matar a todos.

miércoles, abril 02, 2008

Hoy me ha venido a la mente, esa sensación mágica… ese estado en el que te encuentras cuando conoces a alguien por primera vez… Aunque, en realidad, está mal dicho eso de ‘conocer’, porque nada sabemos de esa otra persona. Más bien deberíamos decir ‘desconocer’ a alguien por primera vez. Y es que en ese instante mágico, que solamente se pude dar una única vez en la vida, se abren ante ti y ante esa persona todas las posibilidades que una nueva relación puede ofrecer. Ese primer contacto, esa primera mirada, las primeras palabras, los primero gestos con intención… todo, absolutamente todo es decisivo. Y una vez todo este mecanismo de conocimiento y experiencia mutua se ha puesto en marcha, ya no hay vuelta atrás. Ya no podemos volver a empezar con esa persona nunca más… ya para siempre tendremos un conocimiento, un recuerdo, un pasado en común… Algo, que ya se grande o pequeño, nos va cerrando puertas y nos va minando las posibilidades aún sin darnos cuenta…

La incertidumbre, el no saber, el intuir, el adivinar en la mirada del otro, en las acciones del otro lo que piensa. La inocencia de los primeros intercambios de palabras, cuando no sabes qué decir para no equivocarte, cuando perdonas las equivocaciones del otro por desconocimiento. Sorprenderte, tener miedo, tener dudas, tener ganas de conocer más… Compartir, experimentar, crear una historia juntos, una vida, tejer una confianza, generar expectativas y desilusiones, comerse, muchas veces las decepciones y cerrar… sobretodo cerrar, todavía más aquellas primeras posibilidades.

Cuando nos queremos dar cuenta, esa magia del primer momento cuando ‘desconocemos’ a alguien, ha dejado paso a otra cosa, que no sé muy bien qué es… ¿Una rutina? ¿Una comodidad? ¿Una seguridad? ¿Una inseguridad? ¿Una costumbre? No… Simplemente es que el hecho de conocer y de vivir y de crear una historia, nos cierra las puertas que al principio estaban aún abiertas. El camino andado junto a esa persona nos lleva hasta lo que somos ahora, hasta nuestro destino. Lo andado es lo que es, y no puede ser de otra manera. Y lo que pudo ser, no será jamás, pues tan sólo existe lo que fue.

Hoy me ha venido a la mente, esa sensación extraña de querer volver a empezar, de querer volver a conocer a alguien y de volver a tener todas las posibilidades aún. De andar otro camino distinto, de que lo que pudo ser, sea… De genera otros recuerdos, otras experiencias, otra historia, otra vida…

Pero aún me queda mucho que tejer.




lunes, enero 14, 2008

INTERCAMBIO

Me concentré mucho, muchísimo... Apreté mis dedos contra mis sienes y cerré los ojos hasta que me dolía toda la cara e invadieron la oscuridad un centenar de puntitos brillantes. Aflojé los dedos. Estaba mareada y sentí que mi cuerpo se balanceaba un poco hacia delante. No me caí. Me mantuve firme en mi propósito, y lo conseguí. En un instante había intercambiado tu cuerpo con el mío, cómo si de brujería se tratase. Ya está, me dije. Ahora yo iba a sentir lo que tu sentías, y tú lo que sentía yo. No era una sentencia. Ni un castigo. Era algo momentáneo que nos iba a ayudar, sin duda, a comprendernos mejor, aceptarnos, saber tratarnos, querernos...
Pero no a quererte a ti como yo quería que tu me quisieras, que era la única forma que yo conocía. Sino a sentir, que era lo que tu necesitabas... A comprender como te afectaban mis reacciones, mis palabras, mis caricias y mis gestos. A sentir cómo te dolían mis negativas y cómo te alegraban mis cumplidos. A desear lo que tu deseabas. A llorar por lo que tu llorabas. Y a aprender como me mirabas, qué pensabas de mí, darme cuenta de que me apreciabas a tu manera, única y hasta ahora incomprensible para mi. Y por descontado esperaba lo mismo de tu experiencia. De esta maravillosa experiencia que yo te había brindado. Y que no me quisieras a mi como tu habías aprendido a quererme, que era la única forma que conocías. Sino a sentir, que era lo que yo necesitaba... A comprender como me afectaban tus reacciones, tus palabras, tus caricias y tus gestos. A sentir como me dolían tus negativas y cómo me alegraban tus cumplidos. A desear lo que yo deseaba. A llorar por lo que yo lloraba. Y a que aprendieras como te miraba, qué pensaba de ti, que te dieras cuenta de que te apreciaba a mi manera, única y hasta ahora, también incomprensible para ti.