"...DÓNDE ENTRO SI ESTOY SOLA ..." * Lo DeMáS sOn PaLaBrAs tAn SoLo PaLaBrAs *

miércoles, julio 16, 2008

¿Se puede borrar a alguien de tu vida de un plumazo? Se puede.
¿Se puede desaparecer de la vida de alguien de un plumazo? No… No se puede. Puedes negar la palabra, pero no puedes taparte los oídos si hay alguien que aún tiene algo que decirte.
Puedes no dar respuestas, pero no puedes evitar que te lleguen las preguntas, que se queden en el aire, que duelan… No puedes evitar que el silencio sea ya una respuesta.
Puedes no ver a alguien, esquivarlo, cerrar los ojos, romper las fotos… Pero no puedes dinamitar del cerebro su imagen, no puedes romper los recuerdos vividos.
Puedes hacer daño, pero, amigo mío, el daño es un tatuaje que se graba a fuego en la piel del que lo sufre, y se recuerda mucho más que cualquier felicidad entregada.
Puedes hacer tantas cosas y la vez dejar de hacerlas, pero no puedes, no has podido, hacer que te borre, que te olvide, que no tenga preguntas, que no te vea, que no me duela y que cada día un rato, me sienta idiota al recordar.
¿Puedes borrarme de tu vida de un plumazo? Puedes.
¿Puedes desaparecer de mi vida de un plumazo? No… No puedes.
Puede que con el tiempo desaparezcan el amor, la necesidad, la confianza, la amistad, la esperanza… Pero el dolor, el daño, la herida, dejará una cicatriz con tu nombre, que no desaparecerá nunca.

martes, mayo 27, 2008

He intentado ser sumisa, y culparme de lo que ha pasado. Aceptar mis errores y ver que tenías razón en muchas cosas. Y aunque yo sé porqué las he hecho, entiendo que tu no lo entiendas. He intentado cambiar para agradarte, y comerme todos mis pensamientos contradictorios, todos aquellos que me decían que no estaba actuando como debía. Si tú estabas bien, si tú volvías, eso era lo único que necesitaba… He tenido siempre tanto miedo de que me pasara, lo que ha pasado, que no he sabido reaccionar. He canalizado todos mis esfuerzos en remendarlo para que nada cambiara. Me he sobrepuesto a todo y a todos y me he guiado por el deseo de imaginar que todo estaba bien de nuevo. Y no… ¿A quién he querido engañar? ¿A ti? A ti te da igual… eres tu quién te preocupaba, y yo ya me he encargado de cuidarte. ¿A los demás? A los demás les da igual… los demás son meros observadores pasivos de los males ajenos, así como yo lo puedo ser de los suyos. ¿A quién pues? A mí y sólo a mí. A mi me intentaba engañar haciendo ver que nada me había afectado. Diciéndome que el único afectado aquí eras tu y por mi culpa… Pero, mmmm… bendita capacidad de redimirse. Por suerte hoy, se ha encendido esa bombilla en mi cabeza que se había fundido y he visto lo que no podía ver. Toda esa rabia que he contenido desde el primer día ante tu culpabilidad y tu injusticia. Ante todo lo que me he cayado y ante todas las faltas que me he tragado sin deber. Rabia, rabia, rabia… que hasta que no salga no me va a dejar vivir tranquila, ni vivir contigo. Te buscaré inconsciente y te torturaré con mis actos y mis palabras, sin querer hacerlo, sólo porque es mi rabia la que te busca y la que necesita vengarse. No soy yo, es ella… te lo juro… Pero tú te lo has buscado. Sé sumiso, cúlpate, acepta tus errores, cambia para agradarme, cómete tus pensamientos contradictorios, necesita que yo esté bien y que yo vuelva… Y vuelva sin esa rabia contenida, que al final, nos va a matar a todos.

miércoles, abril 02, 2008

Hoy me ha venido a la mente, esa sensación mágica… ese estado en el que te encuentras cuando conoces a alguien por primera vez… Aunque, en realidad, está mal dicho eso de ‘conocer’, porque nada sabemos de esa otra persona. Más bien deberíamos decir ‘desconocer’ a alguien por primera vez. Y es que en ese instante mágico, que solamente se pude dar una única vez en la vida, se abren ante ti y ante esa persona todas las posibilidades que una nueva relación puede ofrecer. Ese primer contacto, esa primera mirada, las primeras palabras, los primero gestos con intención… todo, absolutamente todo es decisivo. Y una vez todo este mecanismo de conocimiento y experiencia mutua se ha puesto en marcha, ya no hay vuelta atrás. Ya no podemos volver a empezar con esa persona nunca más… ya para siempre tendremos un conocimiento, un recuerdo, un pasado en común… Algo, que ya se grande o pequeño, nos va cerrando puertas y nos va minando las posibilidades aún sin darnos cuenta…

La incertidumbre, el no saber, el intuir, el adivinar en la mirada del otro, en las acciones del otro lo que piensa. La inocencia de los primeros intercambios de palabras, cuando no sabes qué decir para no equivocarte, cuando perdonas las equivocaciones del otro por desconocimiento. Sorprenderte, tener miedo, tener dudas, tener ganas de conocer más… Compartir, experimentar, crear una historia juntos, una vida, tejer una confianza, generar expectativas y desilusiones, comerse, muchas veces las decepciones y cerrar… sobretodo cerrar, todavía más aquellas primeras posibilidades.

Cuando nos queremos dar cuenta, esa magia del primer momento cuando ‘desconocemos’ a alguien, ha dejado paso a otra cosa, que no sé muy bien qué es… ¿Una rutina? ¿Una comodidad? ¿Una seguridad? ¿Una inseguridad? ¿Una costumbre? No… Simplemente es que el hecho de conocer y de vivir y de crear una historia, nos cierra las puertas que al principio estaban aún abiertas. El camino andado junto a esa persona nos lleva hasta lo que somos ahora, hasta nuestro destino. Lo andado es lo que es, y no puede ser de otra manera. Y lo que pudo ser, no será jamás, pues tan sólo existe lo que fue.

Hoy me ha venido a la mente, esa sensación extraña de querer volver a empezar, de querer volver a conocer a alguien y de volver a tener todas las posibilidades aún. De andar otro camino distinto, de que lo que pudo ser, sea… De genera otros recuerdos, otras experiencias, otra historia, otra vida…

Pero aún me queda mucho que tejer.




lunes, enero 14, 2008

INTERCAMBIO

Me concentré mucho, muchísimo... Apreté mis dedos contra mis sienes y cerré los ojos hasta que me dolía toda la cara e invadieron la oscuridad un centenar de puntitos brillantes. Aflojé los dedos. Estaba mareada y sentí que mi cuerpo se balanceaba un poco hacia delante. No me caí. Me mantuve firme en mi propósito, y lo conseguí. En un instante había intercambiado tu cuerpo con el mío, cómo si de brujería se tratase. Ya está, me dije. Ahora yo iba a sentir lo que tu sentías, y tú lo que sentía yo. No era una sentencia. Ni un castigo. Era algo momentáneo que nos iba a ayudar, sin duda, a comprendernos mejor, aceptarnos, saber tratarnos, querernos...
Pero no a quererte a ti como yo quería que tu me quisieras, que era la única forma que yo conocía. Sino a sentir, que era lo que tu necesitabas... A comprender como te afectaban mis reacciones, mis palabras, mis caricias y mis gestos. A sentir cómo te dolían mis negativas y cómo te alegraban mis cumplidos. A desear lo que tu deseabas. A llorar por lo que tu llorabas. Y a aprender como me mirabas, qué pensabas de mí, darme cuenta de que me apreciabas a tu manera, única y hasta ahora incomprensible para mi. Y por descontado esperaba lo mismo de tu experiencia. De esta maravillosa experiencia que yo te había brindado. Y que no me quisieras a mi como tu habías aprendido a quererme, que era la única forma que conocías. Sino a sentir, que era lo que yo necesitaba... A comprender como me afectaban tus reacciones, tus palabras, tus caricias y tus gestos. A sentir como me dolían tus negativas y cómo me alegraban tus cumplidos. A desear lo que yo deseaba. A llorar por lo que yo lloraba. Y a que aprendieras como te miraba, qué pensaba de ti, que te dieras cuenta de que te apreciaba a mi manera, única y hasta ahora, también incomprensible para ti.

sábado, noviembre 24, 2007


A veces, simplemente, quiero desaparecer...

miércoles, noviembre 14, 2007

"Quería escribir un nuevo capítulo de esta novela. Empezar de cero una vez más y hacer latir mi corazón con el ritmo más feliz que el pobre haya conocido hasta ahora. Pero no reparé en que el corazón, al igual que la novela, depende de los capítulos anteriores para escribir con coherencia los presentes. Y que los presentes, no se nutren de una sencilla y única historia que empieza y termina cuando nosotros decidimos. Los latidos, los capítulos, viven de mil historias mezcladas unas con otras, llenas de coincidencias agradables y de amargas fatalidades. Algunas ya estaban empezadas y hay que seguirlas, otras muchas empiezan de nuevo y tanto unas como otras no cesan hasta el final de la novela. Nuestro corazón necesita de los recuerdos del pasado, de las historias vividas, para seguir latiendo con las presentes. Nada nos protege de que las páginas, con un golpe de viento, el día menos pensado, se abran por el lugar más recóndito de nuestra memoria, y se nos agolpen en el corazón mil sentimientos que creíamos olvidados. Que se mezclen con los setimientos que nos llenan ahora de vida y nos confundan hasta tal punto que nos sintamos obligados a hacer un tachón en esa página. Pero es así, inevitable... El corazón es el eterno borrador de la novela que es nuestra vida. Y late, latirá, por todos y cada uno de los sucesos que nos han pasado, nos estan pasando, y nos pasarán. No podemos pretender empezar de nuevo, y borrar todo lo que fuimos, hicimos y sentimos, porque nos estaríamos anulando a nosotros mismos... estaríamos arrancando las primeras páginas de la novela... y entonces, todo, absolutamente todo lo que somos y seremos, hacemos y haremos, sentimos y sentiremos... no tendría ningún sentido."


martes, agosto 28, 2007

A veces me pregunto porqué tras tantas discusiones, aún seguimos el uno junto al otro. ¿Cómo podemos volver a mirarnos a la cara como si nada? Pero así es. Por una razón que no termino de querer comprender. Como una dependencia al miedo constante de sentir que nos vamos a perder, sabiendo que ninguno de los dos queremos que eso ocurra.


Buscamos siempre el momento de llevarnos la contraria, de echarnos las cosas a la cara, de reprendernos, de acusarnos, de justificarnos... De usar el orgullo como una barrera impenetrable que nos asegure que jamás vamos a dejar ver nuestras debilidades, que son muchas y cada vez son más.

Y cada vez me sigo preguntando porqué. Arrepintiéndome y jurándome que será la última vez... Pero esque es cuando discutimos que estás conmigo, pendiente de mi, de lo que digo... Me odias, sí, te doy rabia, sí, pero ¿acaso no es eso mucho mejor que no que me ignores o me olvides? Pues, probablemente, no, pero yo ahora creo que sí y eso me basta.


Mientras no nos hablamos, sé, sabemos, que no va a ser para siempre. Y al evitarme estas pensando en mí. Y yo estoy pensando ya en el reencuentro, en la reconciliación.


Y aunque es mejor quererse y ya está... Yo prefiero discutir contigo, que quererme con cuaquier otro. Porque sí, porque es contigo... Y punto.



Mi fa male dedicarte il mio rancore...